Relatos Iconoclastas
La competencia del conocimiento
24/03/2008
Francisco Barajas
Él se sentó frente a un folio, y sólo armado de una pluma estilográfica. Su conciencia cristiana estaba tranquila e incólume. No tenía remordimientos. Y ya que su altísimo cometido, estaba avalado por su ejemplar ejemplo como ministro de Defensa aznariano. Un honor, desde luego, haber sido ministro de la guerra, la defensa y la paz, con José María Aznar, el de la foto de Las Azores, el del PP. Y le iba a contestar al juez de la Audiencia Nacional, sobre las preguntas de los familiares de los 62 militares muertos en el accidente del Yak-42, en mayo de 2003. En 33 folios, él contestó. Y plagiándose a sí mismo.
¿Se llama usted Federico Trillo-Figueroa? -le preguntaban.
No sé, no es de mi competencia -respondió él.
¿Y era usted ministro de Defensa del gobierno de José María Aznar, del PP, y en ese año de 2003? -le volvieron a preguntar.
Quizá, no tenía conocimiento de ello -respondió él.
¿Y sabe usted lo que es un sable y un fusil? -insistían en preguntarle.
Pues no. No es de mi competencia -respondió él.
¿Y un avión, sabe usted lo que es un avión que es chatarra que vuela -fue otra pregunta.
No. No tengo conocimiento de ello -respondió él.
¿Los militares de alta graduación son mudos y no saben escribir? -volvieron a preguntarle.
Ni lo sé ni es de mi competencia -respondió él.
¿Y con estas competencias y estos conocimientos… Cómo pudo usted llegar a ser ministro de Defensa en el Gobierno de José María Aznar, del PP? -terminaron por preguntarle.
No lo sé, no tengo conocimientos ni competencias -respondió él.
España es un Estado de Derecho, un país democrático miembro de la Comunidad Europea, la octava potencia económica mundial, y posee un ejército que ahora está mandado por un civil, en el caso de aquel gobierno del PP, por un civil sin conocimiento y sin competencias. ¡Joder! Ese era yo, Federico Trillo-Figueroa -pensó él, y mientras cerraba la pluma estilográfica y sacaba un rosario para rezar, sus conocimientos y sus competencias, y miraba arrobado a la fotografía dedicada a él por don José María Escrivá de Balaguer.
Nota del autor: Está claro que este relato corto es ficticio, y que hace preguntas como si éstas pudieran volver a preguntar, y a tenor de las respuestas. Es una licencia para darle a las preguntas vida propia y chispa e ingenio a las respuestas de un ministro de Defensa del PP, que nunca tuvo ni conocimiento ni competencias.