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HOMENAJE MILITARES YAK-42 |
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| Alfonso Agulló Canda |
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| El Yak-42 y la mala fe El pasado 18 de mayo los familiares de los militares fallecidos en el Yak-42 nos enterábamos por la prensa de que nuestro escrito de recusación hacia el Magistrado D. Fernando Grande-Marlaska había sido, no sólo rechazado, sino motivo de una multa a las familias de 300 € por actuar con mala fe en nuestra pretensión de recusación. La razón por la que pedíamos la recusación era que el 10 de noviembre de 2006 el referido Magistrado actuó como ponente de la Sala de lo Penal, Sección Tercera, desestimando la pretensión de las familias de solicitar declaración del ex ministro D. Federico Trillo y del ex Secretario General de Política de Defensa, D. Javier Jiménez Ugarte. Posteriormente, D. Fernando Grande-Marlaska pasó a titular del juzgado que instruye el caso Yak-42. Por tanto, pasaba a instruir un procedimiento sobre el que se había ya pronunciado respecto al fondo del asunto y de una forma muy contundente: “ a la citada pretensión parece subyacer otros intereses, cuales son las supuestas responsabilidades en que dichas personas pudieran haber incurrido” . Por el contrario, las familias no alcanzamos a entender por qué, ante lo que enunciamos de forma clara, diáfana y directa, (a saber, nuestra solicitud de los referidos testigos para el simple y puro esclarecimiento de los hechos), tenga el Magistrado que sospechar otros intereses subyacentes y ocultos. Y no lo comprendemos, con más razón si cabe, cuando lo que entendemos beneficia a todos: familiares, ciudadanos, justicia, testigos e imputados, es el puro esclarecimiento de los hechos. En definitiva, que nuestra pretensión de recusación sea objeto de multa y rechazada por mala fe es algo que aceptamos como ciudadanos con el respeto debido a la justicia, pero es algo que -en conciencia- como personas, nos resistimos a aceptar, simplemente porque: 1) entendemos que ante solicitudes claras, directas y diáfanas a los Magistrados, éstos no tienen que buscar ni sospechas, ni intereses ocultos; 2) necesitamos que los solicitados como testigos por las familias con su conocimiento esclarezcan los hechos; 3) nos urge hacer a los testigos que solicitamos preguntas a las que sólo y nada más que ellos pueden contestarnos. Por tanto, hacer estas preguntas es algo a lo que las familias -en conciencia- y por merecido respeto a nuestros difuntos, no podemos renunciar, aún a riesgo de ser motivo de sospecha de ocultos intereses para la superior instancia judicial ante la que recurramos; aún a riesgo de ser calificados de actuar de mala fe; y aún a riesgo de pagar la multa que la superior instancia judicial nos pueda imponer. Porque en asuntos tan graves, vale más que tengamos la conciencia tranquila que las sospechas que los jueces de nosotros puedan tener; que las calificaciones de mala fe que nos puedan atribuir; y que las multas que los tribunales nos puedan imponer. Acaso sea la única tranquilidad que los familiares, de toda esta tragedia, podamos lograr: haber defendido a los nuestros como nos lo demanda la conciencia, pues de este tribunal nadie puede escapar.
Alfonso Agulló Canda, hermano del cabo primero Vicente Agulló Canda, fallecido en el accidente del Yak-42.
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Turquía Yak-42 |
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